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domingo, 28 de abril de 2013

Almanzor: el califa en la sombra


Introducción
Abu'Amín Muhammad ben Abi'Amir al Maaliri.Pocos personajes del medievo hispano han despertado tanto interés como el almeriense Abi Amir al-Mansur bi-llah (El Victorioso por Alá). De igual manera que son escasos los que han generado tanta controversia en torno a su figura. ¿Cómo era al-Mansur, un tirano o simplemente un hombre que supo aprovecharse, mejor que otros, de las circunstancias que le rodearon? ¿Estamos ante un hombre preocupado por la cultura y celoso en el cumplimiento de sus deberes religiosos, o ante un individuo sin escrúpulos al que no le importó eliminar a todo aquel que se oponía a sus propósitos?. No sería correcto hacer hincapié solamente en una de sus facetas, pues todas reunidas son las que conforman la imagen final de este caudillo andalusí que durante alis sostuvo las riendas del califato cordobés.

La personalidad de al-Mansur
Como todo personaje cargado de matices, al-Mansur ha despertado en unos historiadores admiración, en otros repulsa, y en algunos una mezcla de ambos sentimientos. Esta controversia sobre su personalidad aparece ya en los cronistas de la época, tanto cristianos como musulmanes, y por supuesto, en la historiografía contemporánea.

Retrato de Almanzor, pintado por Zurbarán

Las fuentes musulmanas, por regla general, nos presentan a al-Mansur, como un hombre religioso, amante de las letras y de las ciencias, dotado de una clarividencia e inteligencia especial, y por supuesto como un gran militar y gobernante. Resumiendo lo reflejan como un dechado de virtudes y prácticamente sin defectos. El cronista andalusí que más datos aporta sobre al-Mansur es el cordobés Ibn-Hayyan (al-Muqtabis), es además la referencia para cronistas posteriores -Abd Allah (último rey zirí de Granada, Memorias), al-Yaqundi (Rissla fi fadl al-Andalus), o Ibn al-Kardabús (Historia de al-Andalus), aunque éste último si se muestra crítico con sus descendientes-. Esta unanimidad en el tono laudatorio sobre el amirí la rompe el hispano-tunecino Ibn Jaldún, que le califica como un hombre ambicioso, sin escrúpulos y usurpador de un poder que no le correspondía. Ibn Jaldún le considera responsable directo de la desaparición de la dinastía omeya; en este mismo sentido se manifiesta Ibn Hazm, que también responsabiliza al amirí del fin del califato cordobés, a la vez que nos lo presenta como un tirano que mantuvo a su pueblo bajo un régimen de opresión.
En las fuentes cristianas se nos muestra una imagen muy contradictoria; en ocasiones se nos presenta como un hombre valiente, juicioso, y buen gobernante; así lo manifiesta la Historia Gótica de Jiménez de Rada, o la Primera Crónica General de España de Alfonso X. Por el contrario otros lo describen cargado de todos los defectos que puede tener un ser humano, llegando al extremo de satanizarlo, En este sentido cabe mencionar al Liber Sancti, la Crónica Silense, o al cronista Lucas de Tuy (Chronicon Mundi).
No desaparece la controversia en la historiografía contemporánea, donde afloran sentimientos de maurofobia o de maurofilia. Esta dicotomía a la hora de enjuiciar al personaje puede provocar, sobre todo en el lector no especializado, el que se forme una imagen parcial de al-Mansur,y, en gran medida subjetiva en función del autor que haya consultado. No obstante es justo reseñar que son numerosos los especialistas que han intentado ser lo más objetivos posible. En este sentido cabe mencionar a los historiadores Montgomery Watt, que apunta que el régimen impuesto por al-Mansur no tuvo más reflejos dictatoriales que otros muchos de la época, o Anwar G. Chejne que, aunque reconociendo que en momentos actuara con suma crueldad, no duda en considerarle un gobernante bastante justo, sobre todo con sus colaboradores.
En lo que si están todos los historiadores de acuerdo es en presentar a al-Mansur como un gran militar - en las más de cincuenta campañas que realizó contra los reinos cristianos jamás conoció la derrota-(1). También hay consenso a la hora de considerar al amirí como un hombre muy interesado por el arte y la cultura, de hecho tenemos noticia de los numerosos regalos con los que obsequiaba a sabios, poetas, músicos. etc. Con respecto a este punto puede parecer una contradicción que una persona interesada en la cultura ordenara quemar numerosos ejemplares de la biblioteca del califa al-Hakam II, muchas de ellas versaban sobre lógica, astrología o filosofía. Bajo mi punto de vista creo que al-Mansur ordenó tal destrozo por la presión que estaba recibiendo de los más ortodoxos ulemas maliquíes; era una forma de que éstos legitimaran su poder; otra razón sería la de alejar de él las sospechas sobre su relajación a la hora de cumplir con los preceptos del Islam.

Estatua erigida en Almería en honor de al-Mansur

Como se habrá observado los datos que nos ofrecen en relación al carácter personal de Abi Amir son, en muchas ocasiones contradictorios, por lo que obtener una conclusión final se antoja harto difícil. No es mi intención reflejar en estas líneas mi particular opinión sobre al-Mansur, que cada lector saque sus propias conclusiones. Pero si quiero dejar planteadas algunas incógnitas:
A al-Mansur se le ha catalogado como personaje excepcional en cuanto a sus acciones, por ejemplo, se ha hecho mucho hincapié en su falta de escrúpulos para ordenar la eliminación física de todo aquel que supusiera un obstáculo para la consecución de sus metas -incluso de uno de sus hijos-; Pero si observamos el panorama de la época vemos que fueron numerosos -por no decir todos- personajes , tanto cristianos como musulmanes, que en su lucha por alcanzar el poder, no dudaron en eliminar a todo aquél que se opusiera, incluyendo a miembros de sus propias familias. Tampoco fue al-Mansur el único en cambiar de aliados en función de su propia conveniencia; durante toda la Edad Media observamos como son múltiples los casos en los que el aliado de ayer se convierte en el enemigo de hoy.
Otra faceta que se destaca del amirí, es su calidad de usurpador. SI observamos el desarrollo del mundo islámico medieval nos encontramos con que la usurpación del poder ha sido una constante, son muchos los que, no teniendo ninguna legitimación, han poseído el poder real; baste recordar quién gobernaba realmente en los últimos momentos del califato abbasí.
Por último es necesario reseñar un acontecimiento del que muchos historiadores responsabilizan a al-Mansur: la caída del califato de Córdoba. Mi pregunta es ¿Si hubiera ejercido realmente como califa Hissam II, este derrumbamiento no se hubiera producido? No es mi intención despejar esta incógnita en estos momentos -lo dejo para un posible debate-; pero si quiero apuntar un detalle: ni al-Mansur, ni su hijo Abd al-Malik al-Muzzalar -que le sucedió como hayib (2) tomaron nunca el título de califa, sí lo hizo su segundo hijo Abd al-Rahmm-an ibn Sanchul (3), más conocido como Sanchuelo, que si se autoproclamó califa, lo que inmediatamente provocó una fitna (4)

Sanchuelo
He intentado en estos breves apuntes sobre la imagen historiográfica de al-Mansur, señalar algunos de los principales rasgos en los que más se ha incidido. Con ello pretendo que sea el lector el que se cree su propia imagen del hayib cordobés: unos le considerarán un héroe legendario, otros un maquiavélico dictador, o quizás simplemente se le verá como un hombre que fue simple reflejo de la época en la que le tocó vivir.

Trayectoria política
Al-Mansur nace en la alquería almeriense de Turrux en el año 327/938. Según parece es descendiente de uno de los pocos árabes que participaron en la conquista de la Península Ibérica en el 711, Abu Amir Muhammad ben al-Walid, que procedía de la tribu yemení de Maafir. Cabría decir que nace en el seno de una familia, que en nuestros días, catalogaríamos de clase media, pues si bien aún disponían de la propiedad de algunas tierras, su madre, Burayha, realizaba trabajos de hilado que posteriormente vendía para ayudar a la economía familiar.
Pronto se le quedó pequeño Turrux, por lo que decidió viajar hasta Córdoba con el fin de recibir una adecuada instrucción. En la capital califal recibe enseñanzas de reputados maestros, como Abu Bakr ben al-Quitiyya, Abu Bakr ben Muawiya al-Qurashi, o Abu Ali al-Qali. Terminados sus estudios comienza a ejercer como escribano, redactando, para los cordobeses, todo tipo de escritos en un pequeño tenderete que instaló a los pies del alcázar.

Busto representando a al-Mansur (Calatañazor)
El año 967 es el que podría señalarse como el principio de la trayectoria que culminaría con la asunción del poder total de al-Andalus; en este año es cuando entra, como auxiliar de notaria, a las órdenes del cadí cordobés Muhammad ben al-Salim. En febrero de ese mismo año pasó a ser intendente de los bienes de los hijos del califa, y en julio es nombrado director de la ceca (1) cordobesa. A finales de 968 es nombrado tesorero y curador de sucesiones, y cadí de Sevilla y Niebla. En sólo diez años alcanzó la cima del poder político al ser nombrado hayib. Antes de ocupar ese cargo pasó, en 970, por ser administrador de los bienes de Abd al-Rahman, primogénito de al-Hakam II, en 972 jefe de policía de la surta media e inspector general de las tropas mercenarias de Córdoba; en 973 fue, finalmente, nombrado visir y adjunto al hayib al-Mustafi. SIn duda la carrera política de al-Mansur no puede ser más espectacular. Algunos historiadores achacan esta rápida ascensión a la influencia que, en su favor, ejercía Subh, favortita del califa, incluso se especula con que ambos mantenían relaciones amorosas. Aún cuando no es de desdeñar la ayuda que le pudo procurar Subh, es difícil creer que este fuera el único motivo de su ascensión; las cualidades personales del amirí también debieron contribuir a tan brillante carrera.
No colmó las ambiciones de al-Mansur su cargo de adjunto al hayib, él deseaba ostentar el máximo rango dentro del entramado político y administrativo del califato. No reparó en medios para conseguirlo. El primer paso fue defender la candidatura de Hissam al califato en contra del deseo de algunos esclavos de la corte que apoyaban para suceder a al-Hakam II fuera su hermano al-Mugira. Al-Mansur asesinó con sus propias manos al tío de Hissam. Según algunas fuentes, al-Mansur intentó obtener, de  al-Mustafi, el perdón de al-Mugira. El hayib rechazó la petición e incluso le amenazó con ser él el ejecutado si no cumplía sus órdenes. De ser esto cierto sería al-Mustafi, y no al-Mansur, el primer responsable de la muerte del hermano del califa.
Al-Mustafi, hasta entonces máximo valedor de al-Mansur, debió empezar a recelar de su pupilo e intentó afianzarse en el poder buscando, por medio de un matrimonio, la alianza del prestigioso general Galib. En principio pareció que esta alianza iba a fructificar; Galib y al-Mustafi acordaron el matrimonio de la hija del primero con el hijo del hayib. Finalmente el matrimonio no llegó a celebrarse, al-Mansur se anticipó siendo él mismo quién se desposó con la hija del insigne militar. ¿Qué ofreció a Galin para que cambiara de opinión? La respuesta no se conoce, pero sin duda debió de ser algo sumamente importante para lograr que el general cordobés optara por apoyar al amirí en contra del que, en aquel momento, era el hombre más poderoso del califato.
LLegado a este punto, al-Mansur, ya disponía de los suficientes apoyos para dar el asalto final al poder. El 29 de marzo de 978, al-Mustafi fue destituido y encarcelado, a la vez que se le confiscaban todos sus bienes. Ese mismo día, al-Mansur fue nombrado hayib.
Las actuaciones de al-Mansur desde su cargo de hayib no debieron agradar a su suegro. Al poco tiempo las relaciones entre Galib y al-Mansur se fueron deteriorando hasta el punto de llegar al enfrentamiento directo. Según cuenta una leyenda, la ruptura de hostilidades la protagonizó Galib. Se cuenta que en un encuentro que ambos tuvieron en el castillo de Atienza, el general agredió al amirí, que salvó la vida por verdadero milagro. Fuera quién fuera el que inició la lucha lo cierto es que en julio de 981 ambos líderes se enfrentaron en el campo de batalla. El encuentro final tuvo lugar en Torrevicente. Galib contaba con el apoyo del castellano García Fernández. En la lucha perdió la vida el general cordobés, el camino quedaba expedito para al-Mansur. Es ahora cuando el amirí toma el sobrenombre de al-Mansur (el Victorioso). El almeriense ya no tenía rivales que le pudieran hacer sombra. Hasta su muerte en 1002, sólo tuvo que hacer frente a otro enemigo, su propio hijo Abd Allah que en 989 participó en una conjura contra el hayib; al-Mansur no dudó en ordenar ejecutar a su propio hijo para dar fin a la insurrección. 
Al-Mansur nunca se proclamó califa, pero ejerció como tal. Hissam II quedó como una simple figura decorativa aunque oficialmente siguiera ostentando el título califal; de hecho su nombre era el que aparecia mencionado en las monedas, y nombrado en la jutba.(3) Respecto al hecho de que al-Mansur nunca se proclamara califa, la historiografía mantenía que, esta idea, nunca se le pasó por la cabeza. Laura Bariani en su obra«Almanzor» discrepa de ésta opinión. Bariani se basa en un pasaje de la obra de Ibn Hazm «Naqt al-arus» en la se dice que al-Mansur si tenía pensado proclamarse califa y que fue el consejo de sus allegados el que le hizo desistir de la idea. Es dificil posicionarse al respecto si tenemos en cuenta que Ibn Hazm fue enormemente crítico con la figura del amirí.
La forma en que al-Mansur alcanzó el poder necesitaba una legitimación, ésta la buscó el ameriense de distintas formas: por un lado se rodeó de los necesarios panegeristas que hicieron constantes alabanzas de sus logros, así como de su figura personal; a tal efecto cabe mencionar a Isa ben Razi, Ibn Mamar, Yusuf ben Harum al-Ramdi, Said al-Bagdadi, etc. También buscó el apoyo de los ulemas (4) para su consolidación y legitimación, motivo por el cual jamás se enfrentó a sus decisiones; un ejemplo: cuando expresó su intención de trasladar la oración del viernes a la mezquita de Madinat al-Zahira, dió marcha atrás ante la negativa de los principales muftíes (5) -sobre todo de Ibn Zarb-. Otra forma de legitimación -a la vez que claro elemento propagandístico- fue la construcción de la ciudad de Madinat al-Zahira siguiendo la tradición califal de fundación de ciudades, era una clara réplica de Madinat al-Zahra, mandada construir por el califa Abd al-Rahmán III.
La actuación de al-Mansur como único poder político y militar
Todos los gobernantes intentan en los primeros momentos de su mandato - esto es igual en el siglo X que en el XXI- granjearse el apoyo popular. En este contexto pueden encuadrarse algunas de las medidas tomadas por el amirí, por ejemplo, la eliminación del impuesto sobre el aceite -que tan oneroso resultaba para la población andalusí- o el reparto de importantes sumas de dinero entre los más afectados por la plaga de langosta que asoló los campos en la primavera del año 992. También podría calificarse como una actuación «populista» la ampliación de la mezquita aljama de Córdoba, obra que se comenzó en 991 y finalizó en 994, aunque quizá cabría encuadrarla como un gesto de ostentación de poder.

Plano con la ampliación realizada por al-Mansur en la mezquita de Córdoba

Las dos reformas más importantes que se le atribuyen al amirí son la administrativa y la militar, ambas tienen una clara motivación: la de rodearse de personal totalmente fiel y eliminar aquellas estructuras que pudieran suponer un problema para su gobierno. En la administración destaca la sustitución del funcionariado andalusí -gran parte del cual eran partidarios de los omeyas-, por esclavos y bereberes «nuevos» afines a su causa y unidos a su persona por cuestiones de clientelismo.
Más importante fue su reforma militar transformando totalmente la estructura hasta entonces mantenida, que se basaba en la organización tirbal y de clan. Para reducir el poder de estos, conformó una nueva estructura basada en mercenarios bereberes magrebíes -que él mismo había traído-, de esta forma eliminaba la posibilidad de que algunos clanes, representantes de la aristocracia cordobesa pro-omeya, pudieran unirse en su contra. Por otro lado suprimió el servicio militar al que estaban obligados a acudir los andalusíes a cambio del pago de un impuesto. Con estas reformas, al-Mansur, se aseguraba el apoyo de dos elementos imprescindibles en cualquier gobierno: la administración y el ejército.
La faceta militar de al-Mansur es quizás la más conocida y estudiada, por lo que poco voy a añadir. Según las fuentes árabes, el caudillo amirí realizó más de cincuenta campañas contra los reinos cristianos peninsulares. En cuanto a la cifra exacta no hay acuerdo, unos mencionan que fueron cincuenta y dos las campañas dirigidas por al-Mansur, mientras que otros nos hablan de cincuenta y seis. Sea cual fue el número lo importante es reseñar que. prácticamente, de todas salió victorioso. Posiblemente las dos más importantes fueron las realizadas contra Barcelona -saqueada y ocupada durante seis meses- en el año 985, y la realizada contra Santiago de Compostela en 997, destruyendo la ciudad, aunque, curiosamente, respetó la tumba del apóstol.

Campañas de al-Mansur
La muerte de al-Mansur
Aunque algunas fuentes cristianas sitúan su muerte en la batalla de Calatañazor (donde Almanzor perdió el tambor), es más que dudoso que tal batalla se produjera, al menos en los términos que reflejan las crónicas castellanas.

Castillo de Calatañazor

Falleció el hayib cordobés en la noche del 27 al 28 del mes de ramadán (6) del año 392/1002. Todo indica que la causa de la muerte fue una artritis gotosa, enfermedad que venía padeciendo desde hacia varios años. Fue enterrado en Medinaceli, ciudad donde se produjo el óbito.

Castillo de Medinaceli

Fue enterrado: «Bajo el polvo que había recogido durante sus campañas, pues cada vez que salía de expedición, sacudía todas las tardes sus ropas sobre un tapete de cuero e iba reuniendo todo el polvo que caía» (7)
Su muerte significó el principio del fin del califato cordobés. Durante el mandato de su hijo Abd al-Malik al-Muzaffar, el poder de al-Andalus continuó prevaleciendo en la península; pero su sucesor, su hermano Abd al-Rahmán ibn Sanchul «Sanchuelo», con su arrogancia al proclamarse califa y su nefasta actuación personal y política, precipitó la caída del otrora mayor poder de la Península Ibérica.
La caída del califato de Córdoba y la posterior creación de los  primeros reinos de taifas son el principio de unas nuevas realidades políticas; pero eso es ya otra historia.


Notas
(1) La famosa batalla de Calatañazor, en la que al-Mansur fue supuestamente derrotado, es más producto de la leyenda que de la realidad histórica.
(2) Especie de primer ministro
(3) Era nieto de Sancho II Garcés
(3) Guerra civil
Notas
(1) Establecimiento donde se acuñaba la moneda.
(2) Policía.
(3) Oración del viernes.
(4) Doctor en la ley islámica.
(5) Intérprete de la sharia (ley musulmana).
(6) Agosto
(7) Dhirkr (Crónica anónima de al-Andalus), traducción de Luis Molina.
Bibliografía (*)
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(*) No he reseñado las fuentes primarias -muchas de ellas en árabe y sin traducción-. Si alguien desea conocerlas será un placer proporcionárselas.