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jueves, 22 de noviembre de 2012

Imágenes Hispanas en «Los Pilares de la Tierra» (I)


Introducción
Este artículo es un extracto de la conferencia que pronuncié en 2008 en unas jornadas sobre novela histórica celebradas en la Universidad Autónoma de Madrid.
Santiago de Compostela

Catedral de Santiago de Compostela
Dos ciudades hispanas tienen un cierto protagonismo en la obra de Ken Follet: Santiago de Compostela y Toledo. La primera como uno de los centros neurálgicos de las peregrinaciones medievales; la castellana como ejemplo de ciudad en la que confluyen las tres religiones que cohabitaban en la época en la península Ibérica.
Compostela fue en época medieval, junto a Roma y Jerusalén, uno de los grandes receptores de peregrinos. El nacimiento del culto a Santiago data del siglo IX. En torno al año 800, un eremita de nombre Pelayo observó una serie de fenómenos luminosos, puso el hecho en conocimiento de Teodomiro, obispo de Iria Flavia. El obispo visitó el lugar indicado por el eremita y certificó que allí descansaban los restos mortales del apóstol.

Camino de Santiago
El espaldarazo internacional se lo dio el papa León III, que fue el encargado de propagar la noticia a toda la cristiandad. También jugaron un papel importante en la expansión del culto jacobeo, por un lado la institución del jubileo por parte del papa Calixto II que, a partir de 1122, alentó en gran medida la peregrinación, y por el otro el apoyo incondicional de la orden de Cluny (1) que a través de los numerosos monasterios cluniacenses que jalonaban el camino, ayudó a la expansión del culto.
El punto álgido del culto medieval habría que situarlo en el siglo XII. Se calcula que entre 200.000 y 500.000 peregrinos acudían anualmente a visitar la tumba del apóstol. A partir de la Reforma comienza a decaer la peregrinación jacobea -los protestantes consideran que las peregrinaciones no tienen ningún sentido y carecen de validez espiritual-.
Son diversos los factores que incitan al culto a Santiago: religiosos, culturales, políticos y militares - Santiago adalid de las tropas cristianas en su lucha contra los musulmanes-.

Santiago «Matamoros»
Otros motivos eran la búsqueda de un milagro al estar en contacto con el santo, la curación de una enfermedad, el voto realizado por un favor recibido de origen divino, el cumplimiento de una penitencia -que podía ser de carácter religioso o por una sentencia judicial (2)-, y por supuesto, la remisión de los pecados cometidos. Entre los peregrinos también existían numerosos profesionales que realizaban la peregrinación por encargo de otra persona.
A Santiago llegaban peregrinos de todos los países del mundo católico - la cristiandad oriental se mantuvo alejada al tener ella sus propios centros de peregrinación-. Dentro de la amalgama de viajeros europeos destacan los provenientes de las islas británicas. El Codex Calixtinus menciona, entre las nacionalidades de los peregrinos, a gentes provenientes de Escocia, País de Gales, Irlanda e Inglaterra.

Codex Calistinus (siglo XII)
Con la imposición en suelo francés de la dinastía de los Plantagenet -mediados del siglo XII- se asentaron las rutas que llevaban a Compostela, tanto por vía marítima como terrestre.
La mayoría de los peregrinos ingleses que partían de las islas solían ir a Santiago por vía marítima -en contra de lo que hacen los protagonistas de la novela: Jack y Aliena-. Solían tener como punto de partida los puertos ingleses de Bristol, Plymouth y Yarmouth, llegando al puerto de La Coruña para desde allí proseguir el camino por vía terrestre hasta llegar a la ciudad jacobea. El trayecto por mar evitaba el largo, costoso y peligroso viaje terrestre que atravesaba toda Francia y todo el norte peninsular hasta alcanzar la ciudad compostelana. No obstante había viajeros que preferían la ruta terrestre.
Ken Follet demuestra haberse documentado bien al señalar algunos de los puntos por los que transcurría la ruta francesa. Efectivamente, los peregrinos desembarcaban en las costas normandas; en París tomaban la ruta Turonensis (3), entraban en España por Roncesvalles siguiendo el denominado «camino francés»
Hubo notables peregrinos provenientes de las islas británicas, cabe mencionar a Walter Gifford, señor de Longueville -hacia 1064-, August de la Haye -entre 1093 y 1120-, Richard Mauleverer de Yorkshire -hacia 1105-. Pero sin duda la peregrinación más renombrada fue la que realizó la princesa Matilde en 1125. Matilde era hija de Enrique I de Inglaterra y viuda del emperador Enrique V de Alemania. Algunas fuentes dicen que la princesa fue obsequiada con una mano del apóstol, reliquia que la princesa llevó consigo a Inglaterra.

Matilde de Inglaterra
El camino a Santiago no estaba exento de peligros y penalidades. Las duras condiciones en que debían viajar los peregrinos afrontando las inclemencias del tiempo, las enfermedades, los asaltos de bandidos, etc., hacían imprescindible que existieran centros donde se les prestara ayuda. Para cubrir esta necesidad de apoyo al peregrino surgen numerosos hospitales y albergues. Los primeros hospitales fueron fundados por monjes cluniacenses -incluso en los casos en la que la fundación se debía a un laico, al poco tiempo pasaban a ser dirigidos por los monjes-; en el camino se pueden contabilizar en torno al centenar de hospitales.
La ruta jacobea tuvo importantes consecuencias socio-económicas a lo largo de su recorrido: reactivación de la vida comercial, sobre todo por la actuación de mercaderes ultrapirenaicos, aumento demográfico con el asentamiento de nuevas gentes, edificación de hospitales, construcción o renovación de puentes, calzadas, etc. Otro efecto fue el crecimiento de muchas poblaciones, hasta entonces de poca significación, que alcanzan el rango de ciudades, es el caso de Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Sahagún, Jaca, entre otras muchas.
Al ser el protagonista de la obra de Follet un cantero no podemos dejar pasar por alto la labor constructiva que se llevó a cabo en el camino de Santiago (4). Seguramente de habérselo propuesto, el joven cantero inglés no habría tenido problemas para encontrar trabajo. En la época en que se desarrolla la obra de Follet en Santiago se estaban construyendo la catedral, un hospital y un acueducto. Aymerico Picaud en su obra Guía del Peregrino (5) nombra a algunos de los constructores que realizaban obras en la ruta: Andrés, Rogelio, Alvito, Fortus, etc., todos ellos en la zona gallego-leonesa.
Pero de entre todos los constructores del Camino destacan dos: Domingo (m. 1109) que era un eremita que habitaba a orillas del río Oja se dedicó a realizar diversas obras para la mejora del camino que llevaba a la ciudad del apóstol. Creó una vía entre Nájera y redecilla, construyó y rehabilitó un puente sobre el río antes mencionado. Toda esta labor constructora hizo que su canonización se le concediera como santo Domingo de la Calzada.
El otro es un discípulo del anterior: Juan de Quintanaortuño (1080-1163) que continúo la labor de Santo Domingo construyendo un albergue y una iglesia, asimismo remodeló la ruta aclarando el bosque de los Montes de Oca, también se le atribuye la construcción de varios puentes entre Logroño y Atapuerca.
No podemos terminar nuestro recorrido por el Camino de Santiago sin mencionar a los juglares - a quienes deseaba encontrar Jack para recabar noticias sobre su padre-. Está documentado que había juglares que se ganaban la vida a lo largo del camino jacobeo, estos iban en busca de algún rey o señor que les cobijara en su corte y les permitiera ganarse el sustento. El desarrollo de la lírica trovadoresca durante los siglos XII y XIII ayudó a que aumentara el número de estos cantores de gestas y romances.

Juglar (imagen de las Cantigas)
Notas
(1) Follet hace mención a este hecho
(2) Con el auge de la peregrinación muchas sentencias civiles condenaban al reo a realizar una peregrinación a un determinado lugar.
(3) Se denomina así porque uno de sus principales puntos era la ciudad de Tours, como apunta Follet.
(4) Algún historiador ha calificado esta actividad constructiva -entre el año 1000 y el 1300- de febril-
(5) Inserta en el Codex Calistinus

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