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miércoles, 19 de octubre de 2011

El Legado Mudéjar en la Comunidad de Madrid

El Legado Mudéjar en la Comunidad de Madrid


José Luis Garrot Garrot
Dpto. Estudios Árabes e Islámicos
UCM

Introducción

            Conforme avanzaba el proceso de conquista de al-Andalus por parte de los reinos cristianos, se fue produciendo un desplazamiento de la población mudéjar hacia los territorios que aún estaban bajo dominio musulmán. No obstante muchos de estos musulmanes prefirieron seguir habitando en sus lugares de origen. En ellos prevalecía su adscripción a la tierra antes que su creencia religiosa. Además hay que tener en cuenta que el Islam permite la práctica de la taqiyya Tomar precauciones para no sufrir daños por el hecho de ser musulmán) y el kitmán (disimular su fe si ve peligrar su vida). Esto nos hace pensar que –aunque la mayoría emigrara a tierras de al-Andalus- no fueron tan pocos, como muchos historiadores pretenden, los que se mantuvieron en sus localidades de origen.
             De este continuismo en sus tierras nace el fenómeno del mudejarismo. Madrid y su región no fueron excepción. En diversas poblaciones de la Comunidad de Madrid se documenta la presencia de población mudéjar, tal es el caso de Madrid, Alcalá de Henares, Barajas, Torrelaguna, Talamanca del Jarama, Móstoles, Pinto, El Molar, Valdetorres, etc. Esta pervivencia es la que permitido que llegarán a nuestros días numerosos ejemplos de la presencia mudéjar en la comunidad madrileña.
             Otro detalle que ha contribuido a este legado es la práctica laboral de la comunidad mudéjar. Gran parte de ellos se dedicaban a labores artesanales, destacando sobremanera en los oficios relacionados con la construcción, albañiles, yeseros, carpinteros y, sobre todo alarifes –el alarife es una especie de “aparejador” ,tenía a su cargo un carpintero, un albañil, un yesero y un pedrero (ABAD, 1985, 46).
             Esta habilidad hace que en varios concejos les sea otorgada la plaza de alarife mayor, encargado de inspeccionar los edificios, las obras en proceso, etc.; ejemplo de este hecho es el nombramiento de Abrahén San Salvador como maestre por el Concejo de Madrid en 1478, sustituyendo en el cargo a su padre Abdallá San Salvador, En 1481 este concejo otorgó a los alarifes la facultad de sentenciar en pleitos surgidos por cuestiones constructivas o urbanísticas; también en Alcalá destaca la presencia de un alarife llamado Yuçuf Orejudo, encargado de las casas arzobispales de esta ciudad.
             Queda de manifiesto que la pericia demostrada en su oficio por estos artesanos mudéjares posibilita que sean contratados, no sólo por particulares, sino también por las instituciones, tanto civiles como eclesiásticas.
            A continuación realizaré un examen –aunque no exhaustivo- de los restos mudéjares en la Comunidad de Madrid, haciendo especial hincapié en aquellas construcciones que destaquen por su importancia o belleza. He de hacer constar que no hago referencia a los restos conservados en Madrid capital, ya que estos fueron tratados anteriormente (GARROT, 2008)

Influencias y Periodificación

            Existen dos corrientes arquitectónicas que influyeron en el mudejarismo madrileño. Por un lado tiene relación con el mudéjar de Castilla la Vieja, por ejemplo el ábside de la iglesia de San Pedro en Camarma de Esteruelas; que se caracteriza por cabeceras poligonales de ladrillo al exterior y empleo de arcos de medio punto. La segunda influencia la encontramos en el mudéjar toledano, que es la principal referencia del mudéjar madrileño –ábsides de San Martín del Obispo en Valdilecha, Nuestra Señora de la Asunción en Móstoles, etc., en este mudéjar toledano podríamos destacar el uso de mampostería, arcos de herradura y lobulados, ábsides de ladrillo semicirculares, dos o tres pisos de arquillos, torres cuadradas con bóvedas de aproximación de hiladas, ornamentación a base de arcos ciegos, y techumbres de madera.

            En los restos más antiguos que en encontramos predomina la arquitectura del ladrillo, posteriormente se irán incorporando elementos de los nuevos estilos arquitectónicos, aunque la presencia de reminiscencias mudéjares seguirán teniendo una marcada presencia – la clásica tipología de madera y ladrillo-.
         Cronológicamente observamos como el mudéjar madrileño va variando su tipología (LAVADO, 1980). En el periodo comprendido entre los siglos XII y XIII, sobre todo éste último, predominan las iglesias de ladrillo de una sola nave con ábside semicircular, ornamentado con arcos ciegos de ladrillo. El segundo periodo correspondería a los siglos XV y XVI, - el siglo XIV sería de tránsito entre los dos periodos, en él se observan ya ciertos antecedentes de lo que sería común en los dos siglos inmediatamente posteriores- en donde se observan las influencias de los nuevos estilos arquitectónicos, sobre todo el gótico. Es precisamente de este último período del que nos han quedado más abundantes representaciones.

            Siglo XIII: Iglesia Nuestra Señora de la Asunción (Móstoles), Iglesia de San Martín Obispo (Valdilecha), Iglesia de San Torcuato (Santorcaz) –algunos autores la ubican en el siglo XVI-, Capilla de Santa María de la Nava (Manzanares el Real), Iglesia de San Pedro (Camarma de Esteruelas), la portada es del siglo XIII el resto conservado pertenece al siglo XVI.

            Siglo XIV: Ermita de Nazaret (Montejo de la Sierra), Iglesia de Santa María (Buitrago), Ermita (Gargantilla de Lozoya), Palacio Arzobispal (Alcalá de Henares), Iglesia Parroquial (Pezuela de las Torres), Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Pezuela de la Sierra)

            Siglos XV-XVI: Capilla del Oidor (Alcalá de Henares), Colegio Mayor San Ildefonso (Alcalá de Henares), Iglesia San Vicente Mártir (Paracuellos del Jarama), Iglesia de la Inmaculada Concepción (Navalcarnero), Iglesia Santo Domingo de Guzmán (Humanes), Iglesia de San Cristóbal (Alalpardo), Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora (Daganzo), Iglesia de San Nicolás (Horcajuelo), Castillos de Buitrago de Lozoya, Manzanares el Real, Torrejón de Velasco, Batres.

            Como se habrá observado predomina la arquitectura religiosa aunque no son nada desdeñables los restos de arquitectura civil.

 Arquitectura Civil

            Tras la conquista por parte de los cristianos de los territorios anteriormente pertenecientes a Al Andalus comienzan a proliferar las fortificaciones, generalmente para controlar los cursos fluviales y las rutas de comercio –cañadas y caminos de arriería-, asimismo servían para controlar los pasos, recordemos que los señores eran dueños de los pasos, portazgos, puentes y vados. Los dos ejemplos más significativos que podemos disfrutar en la Comunidad de Madrid son los castillos de Buitrago de Lozoya y de Manzanares el Real. En ambos se observa como su utilización varia con respecto a las construcciones de siglos anteriores, cuando la conquista de las tierras andalusíes por parte de los reinos cristianos obligaba a realizar construcciones netamente defensivas.

            En los castillos mencionados la edificación no es solamente de carácter militar, en estas fechas las construcciones se realizan más para su uso residencial que como mero baluarte militar.

Castillo de Buitrago
            Fue mandado construir por la poderosa familia Mendoza. Los Mendoza eran originarios de Álava, es durante el reinado de Alfonso XI cuando se incorporan al reino de Castilla; a partir de ese momento irán ascendiendo dentro de la nobleza. En el siglo XV los dos miembros más relevantes de la casa Mendoza fueron Iñigo López de Mendoza y Pedro González de Mendoza.

            El castillo se levantó sobre las ruinas de la anterior fortaleza musulmana. Es de estilo gótico-mudéjar, tiene planta rectangular, siete torres y un patio de armas central. Las torres tienen forma de T –incluso existe una pentagonal, con la puerta en forma de recodo -.  Están realizadas en ladrillo, colocado en bandas horizontales unidas por cal y enmarcadas por bloques de piedra maciza.

            Los muros están elaborados a base de sillarejo. Otro elemento destacable son las bóvedas del interior que están cubiertas por arcos de medio punto realizados por aproximación de hiladas.


Castillo de Manzanares el Real
            También fue mandado construir por la familia Mendoza. Su construcción comenzó en 1475. Se erigió sobre una ermita anterior de estilo románico-mudéjar. Hubo un primer castillo que tenía funciones claramente militares, no así el segundo –el conservado hasta hoy- al que se le dio uso como residencia palaciega. El castillo primitivo tenía tres torres circulares en sus esquinas y una cuadrada en la restante. Sus cubos circulares son típicamente mudéjares realizados a base de piedra granítica y encintado de ladrillos.

            La nueva fortaleza es uno de los últimos ejemplos que nos quedan de la arquitectura militar castellana. El estilo constructivo es gótico flamígero, pero con claras influencias mudéjares, que se observan principalmente en el patio, con arquerías en dos plantas, en donde destacan las cubiertas y los artesonados, claras muestras del gótico-mudéjar.

     En esta fortaleza se pueden observar una mezcla de elementos de reminiscencias árabes y otros claramente renacentistas. Destacaría la estalactitita cornisa de moçarabes en la que se apoyan las almenas, o la decoración a base de bolas de las torres; ambos elementos son claramente ejemplos de la influencia mudéjar en la construcción de la fortaleza.



Arquitectura Religiosa

            La mayor parte conservada de arquitectura mudéjar en la Comunidad de Madrid corresponde a edificaciones de uso religioso. Numerosos templos jalonan los caminos que, siguiendo la red fluvial, cruzan las tierras madrileñas. La necesidad de crear templos para la oración de las nuevas poblaciones que se iban fundando en el proceso repoblador es la principal causa de que tengamos este importante legado de arquitectura religiosa.

            Hay constancia de edificaciones de este tipo desde los siglos XII y XII, manteniendo la labor constructiva en los siglos posteriores. Debido a los numerosos edificios existentes, sólo haré mención de algunos que, en mi particular opinión, tienen especial relevancia.

Torre de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Navalcarnero (siglo XVI)
            Navalcarnero fue fundada en 1499, pertenecía a la tierra de Segovia, fue el concejo de esta ciudad el que ordenó poblar dicha villa. Hay constancia de población morisca en el siglo XVI, posiblemente parte de esta población colaboró en la construcción del templo. De la construcción inicial, hacia 1520, solamente se conserva la torre. Esta realizada en ladrillo con cajones de mampostería. Se divide en cuatro cuerpos separados por impostas de piedra. Lo más llamativo es la decoración del tercer grupo, con arquillos entrecruzados, sobre los que se superponen una línea de arcos ciegos y un friso de ladrillo en esquinilla.

Ábside y torre de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Móstoles (siglo. XIV)
            Datada en el siglo XIV, aunque algunos investigadores la datan en el siglo XIII e incluso en el XII. Móstoles, del que ya tenemos noticias en el siglo XII, perteneció al territorio arzobispal toledano hasta el año 1566. Este templo es el edificio más antiguo de Móstoles.

            De estilo mudéjar se conserva el ábside y la torre. El ábside tiene influencia del mudéjar de Castilla la Vieja, es de planta poligonal, tiene once paños y dos órdenes de arcos de herradura apuntada – en origen disponía de tres cuerpos de arcos -. El zócalo esta realizado en mampostería.

            Su torre, con 26 metros de altura, es de las más altas que se conservan de este periodo, la planta es ligeramente rectangular, asentada sobre un primer cuerpo de mampostería. El aparejo de la torre se realizó en mampostería mediante cajones entre verdugadas y esquinales de ladrillo. El campanario nos muestra dos vanos en cada cara, uno de herradura simple y otro apuntado.



 Ábside de la Iglesia de San Martín Obispo de Valdilecha (siglo XIII)

            Las primeras noticias sobre esta población las encontramos en 1190, año en que Alfonso VII  la dona al concejo segoviano, anteriormente la población pertenecía al arzobispado de Toledo; en 1214, el mismo monarca, restituyó la villa al arzobispo de Toledo.

            Amén del ábside mudéjar, en este templo podemos observar unas impresionantes pinturas románicas en el interior del mismo. Esta simbiosis de distintos estilos es un magnifico ejemplo de la convivencia de ambos estilos. De los ábsides mudéjares con pinturas románicas solamente quedan otros dos ejemplos, ambos situados en Toledo, los ábsides de San Román y del Cristo de la Luz.

            El ábside mudéjar es de influencia toledana. Tiene un hemiciclo y tramo recto. Se realizó en mampostería con verdugadas de ladrillo. Los extremos del hemiciclo, al igual que el tramo recto y las ventanas, son de ladrillo. En el hemiciclo existen tres saeteras con arcos de medio punto. Corona el hemiciclo un friso de ladrillos en esquinilla, y sobre él, el alero formado por tabicas y canecillos escalonados. En el interior toda la fábrica es de ladrillo.

            Las pinturas nos muestran en el centro al Señor sentado sobre un cojín, a ambos lados inferiores aparecen un león y un buey alados portadores de un libro, símbolos de los evangelistas Marcos y Lucas, en la parte superior sólo se conservan las alas de los signos de los evangelistas Mateo y Juan -ángel y águila-. Flanqueando todo el conjunto aparecen dos personajes alados.


Alcalá de Henares

            Mención aparte merece la ciudad alcalina. La antigua Complutum romana cambió su denominación al ser conquistada por los árabes, pasando a denominarse Qal’at Nahar (Castillo del Henares). En 1118 la villa es conquistada por el arzobispo toledado Bernardo –durante el reinado de Alfonso VII- ; nuevamente cambió su denominación pasando a ser Burgo de San Justo, posteriormente Alcalá de San Justo y, finalmente su nombre actual.
            A partir de la fundación del Colegio Mayor de San Idelfonso, gracias a la bula concedida por el papa Alejandro VI, por el Cardenal Cisneros, la ciudad alcanza su máximo esplendor. Será a partir de estos momentos cuando se realice una total renovación urbanística y arquitectónica, la misma que ha llegado a nuestros días y que provocó que la UNESCO la declarara Patrimonio de la Humanidad en 1977.

Muchos son los restos de mudejarismo que tiene la ciudad alcalina, seguramente esta profusión del estilo mudéjar se deba a que hay constancia de población mudéjar, de cierta importancia, en los siglos XV y XVI.

            Dentro de los edificios que conservan restos de la arquitectura y decoración mudéjar podemos mencionar; el Hospital de Antezana, construido en 1483, construcción inspirada en el mudéjar toledano; de la época solamente ha llegado a nuestros días un doble alero.

            Convento de las Ursulas, construido en el siglo XVI, es de estilo tardo-mudéjar, conservándose aún el artesonado del edificio, con claras reminiscencias mudéjares.

            El Palacio Arzobispal, construido en el siglo XIV en estilo mudéjar. En 1939 se declaró un incendio que destruyó prácticamente en su totalidad el edificio. En esta catástrofe se perdieron todos los artesonados y las yeserías del Salón de los Concilios, que eran totalmente mudéjares; lo único que se salvo del devastador incendio fue el Torreón del Tenorio.

            De los restos mudéjares conservados dos son, bajo mi punto de vista, especialmente bellos, por un lado el Colegio Mayor San Idelfonso, construido en 1494 siguiendo la estética mudéjar, aunque posteriormente sufriría transformaciones, con la incorporación de diversos estilos. El Paraninfo y la Capilla de San Idelfonso están decorados con yeserías en las que se mezclan el gótico-isabelino, el mudéjar y el plateresco, ofreciéndonos una amalgama de estilos que hacen que, nuestros sentidos, perciban con una sola mirada toda una muestra de la arquitectura bajomedieval. El artesonado de ambos edificios es de madera policromada, que nos remite a una clara presencia de artesanos mudéjares en su construcción.

            El otro destacado en la Capilla del Oidor. Esta capilla fue fundada por Pedro Díaz de Toledo –oidor de Juan II-. Formaba parte de la parroquia de Santa María la Mayor. En el interior tiene un arco de medio punto, decorado con yeserías mudéjares. El techo de madera nos recuerda el antiguo artesonado mudéjar de par y nudillo.


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